Los ingenieros y Cervantes

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Este año hemos conmemorado los 401 años de la muerte de Cervantes y Shakespeare. Qué mejor momento para escribir este tocho-post sobre la importancia de la capacidad de comunicación en la ingeniería (y en cualquier otra profesión).

[Traducción: empecé a escribir este post en 2016, y no he podido acabarlo hasta ahora 😉 ]

En mis asignaturas le doy mucha importancia a la correcta redacción de informes escritos; posiblemente mis alumnos dirán que soy un poquito jartible con el tema 🙂 Pero es que no es una neura mía: son muchas las asignaturas de diferentes programas universitarios españoles que recogen esta competencia, y lo mismo ocurre con las universidades extranjeras. ¿Por qué? Pues porque expresarse de forma adecuada, tanto oralmente como por escrito, es un requisito para muchos puestos: vuestro trabajo en el mundo real va a implicar, sí o sí, tener que redactar informes y/o hacer presentaciones orales (y lo digo por experiencia propia, que también he trabajado en la empresa privada).

Por eso, aquí os dejo algunas ideas sobre el tema que creo que os pueden ayudar.

  • La ortografía es importante. Sí, lo es, de verdad. Todos respetamos el lenguaje matemático y seguimos sus normas, así que con el idioma debe ocurrir lo mismo. Y, por favor, que a ninguno se le ocurra decirme eso de que yo es que soy de ciencias, que me pone de muy mal café, igual que cuando escucho a alguien que no se maneja con matemáticas básicas decir lo de yo es que soy de letras. Los de ciencias y los de letras somos todos universitarios y debemos tener unos conocimientos elementales de lengua y matemáticas. Ideas a tener en cuenta:
    • Confiar ciegamente en el corrector ortográfico del procesador de texto que uséis es la receta segura para obtener un documento con las tildes mal puestas. Caso típico que nos puede ocurrir a los de Informática: práctica y practica son términos perfectamente válidos, el corrector no os va a avisar, y vais a entregar un informe de laboratorio con un hermoso “en esta practica hemos abordado…”
    • La RAE es tu amiga, y su diccionario online más aún 🙂 También es útil consultar la web de Fundeu.
    • Faltas de ortografía son todas, no sólo las “gordas”: hay que tener cuidado con las tildes también.
    • Respecto al uso de la tilde en los pronombres interrogativos y exclamativos, os remito a este completísimo enlace de Gabriella Literaria, donde se explica de forma clara y sencilla cómo deben acentuarse esos pronombres (nota: al final de ese post encontraréis la gloriosa regla cani que nunca falla ;))
    • También os recomiendo 70 trucos para sacarle brillo a tu novela: corrección básica para escritores, de la misma autora. La primera parte del libro se dedica a cuestiones de escritura general que nos vienen muy bien a todos.
  • Antes de entregar cualquier trabajo hay que leerlo. Parece un consejo del Capitán Obvio, pero es así.
    • Si es posible, además, es mejor leerlo en papel: las erratas destacan más, y es más fácil entender la estructura que hemos querido dar al texto (Mabbett I. W. (2007) “Writing History Essays. A Student’s Guide”, Palgrave MacMillan.)
    • Si es posible, es mejor dejar reposar el texto unos días y retomarlo después: veréis cómo aparecen (nuevas) erratas, y seguramente se os ocurrirán mejores formas de estructurarlo.
    • Si es posible, es conveniente que lo lea otra persona, aunque no tenga conocimientos técnicos: os puede decir si entiende lo que habéis escrito o no, y seguro que además os encuentra varias erratas (sí, otra vez).
  • Redactar no es lo mismo que hablar. Cuando hablamos, nuestro lenguaje corporal, expresiones faciales y entonación aportan información que no se percibe en un texto escrito. Además, el contexto es importante: en clase y en el laboratorio empleamos (todos, yo la primera) un lenguaje muchas veces informal, porque lo que nos interesa es entendernos en ese momento. Pero esa informalidad no puede trasladarse a un documento, mucho menos si es técnico:
    • No es nada conveniente incluir expresiones coloquiales. Si creéis que es imprescindible para explicar algo (aunque sería raro), entrecomilladlas.
    • Hay que vigilar mucho que usamos el lenguaje propio de nuestro campo de conocimiento. Por ejemplo, los alumnos de Informática debéis tener claro qué significan y cómo se usan conceptos básicos como variable, constante, tipo, algoritmo:

– “Realizar código”: no, el código se escribe o se implanta.
– “expresión matemática” no es lo mismo que algoritmo.
– “nº en positivo”: nº positivo.

  • Antes de escribir siempre es conveniente hacer un pequeño esquema con papel y lápiz (sí, esas herramientas analógicas tan obsoletas 😉 ). Ese esquema contendrá la estructura básica de apartados del documento, y las principales ideas que queráis contar en ellos. Es decir, primero hay que tener claro qué se quiere decir, y después ya se puede empezar a escribir.
  • La redacción debe ser lo más simple posible, sin sobrecargar el texto con explicaciones superfluas ni frases complejas (a mí, por ejemplo, esto me suele costar trabajo). Solución: primero redactas, y luego podas como si no hubiera un mañana.
  • Escribir bien es una habilidad que se va mejorando y puliendo con el tiempo, así que no hay que agobiarse inicialmente, sino aplicar estas ideas básicas. Y a partir de ahí, practicar, practicar y practicar.
  • Por si no lo he repetido lo suficiente a lo largo del texto, vuelvo a hacer hincapié: Murphy no descansa. Repasaréis diez mil veces el texto, lo dejaréis reposar, lo repasará alguien más… y una vez entregado, os daréis cuenta de que hay una errata. La probabilidad de que eso ocurra está muy próxima a 1. Pero, aun así, la diferencia entre un texto escrito a zorrombullón y un texto escrito con esmero y dedicación es enorme. Así que ya sabéis qué tenéis que hacer 🙂

[ACTUALIZACIÓN: Ya le he pillado al post una errata y una tilde mal puesta. Ains.]